Al menos 44 personas murieron en un doble atentado en Damasco

***Siria aseguró que había víctimas de «diferentes nacionalidades árabes», pero Bagdad teme que la mayoría sean iraquíes***

Según el Ministerio del Interior Sirio, dos sujetos han matado este sábado a cerca de 40 personas junto a un santuario islámico en la capital de Siria. Los atacantes, cuya afiliación se desconoce se inmolaron con explosivos en una zona de aparcamiento junto al cementerio de Bab al Sagir. La mayoría de víctimas son iraquíes, de acuerdo con la agencia Associated Press.

“Los dos ataques terroristas atentaron contra visitantes de diversas nacionalidades árabes”, destacó el ministro de Interior Mohamed Shaar, que contó 120 heridos. Anunció que un comité investigaría lo ocurrido para conocer, cómo los atacantes se habían infiltrado pudiendo realizar el atentado. Por otra parte, el portavoz de Interior iraquí, Ahmed Yamal, llamó “a la comunidad internacional a condenar este atroz crimen terrorista contra civiles iraquíes visitantes a templos sagrados“.

Al Shaar se desplazó al lugar del atentado acompañado del embajador de Irak en Damasco y aseguró que «el único objetivo que han tenido es matar». En las imágenes difundidas por los medios sirios se podían ver dos autobuses de color blanco alcanzados por las explosiones y charcos de sangre sobre un suelo cubierto de calzado y ropa.

Estado en el que quedó uno de los vehículos utilizados en el ataquePese a la complicada situación de seguridad tanto en Siria como en Irak, los peregrinos chiíes siguen viajando a los lugares santos y han sufrido numerosos atentados en los últimos años a manos de grupos radicales suníes como Al Qaida en Irak, primero, y ahora Daesh, para el que una de sus prioridades es acabar con los chiíes porque les consideran apóstatas. El lugar más venerado en Siria para esta secta minoritaria del islam es el santuario de la nieta del Profeta, Sayeda Zeinab, situado a las afueras de Damasco. Allí los seguidores del califa asesinaron a 134 personas en un ataque cometido en febrero de 2016 en el que lograron superar los controles impuestos por Hizbolá, la milicia chií libanesa que custodia el lugar santo desde que estalló el conflicto.

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