Halloween, la noche de miedo a la que no te puedes resistir

***Decoraciones imaginativas, disfraces y gastronomía convierten a la fiesta en un reclamo para todos los públicos que no deja de ganar seguidores***

La noche de Halloween, cada año que pasa, es menos vista como la invasión de una celebración anglosajona y más como la adaptación sin complejos de una fiesta que gana adeptos y se supera en imaginación cada 31 de octubre. El marketing lo puede todo y ya no hay aspecto vital mundano que se resista estos días a la celebración de la Noche de Brujas o Noche de Muertos, porque a pesar de la apariencia tétrica y terrorífica, cada vez la fiesta de Halloween significa menos miedo y más participación e imaginación.

Estos días todo gira alrededor de las calabazas, hasta el punto de que la gastronomía y la repostería han abierto nuevos horizontes gracias a la fiesta de Halloween. Ya no hay local ni parque temático que se resista a su fiesta con telarañas, esqueletos, velas y hasta ataúdes, ni famoso que no cuelgue en las redes sociales su foto disfrazado. Es la época de estreno de películas del género de terror, miedo, suspense o, directamente ‘gore’ pero con un matiz: la celebración cada día va más enfocada a los niños, hasta el punto de que es raro el colegio que no sucumba a los disfraces y maquillajes.

Puede parecer una banalización de la muerte dada la cercanía a la festividad religiosa de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, pero su origen no va nada desencaminado del cristianismo, aunque no tenga nada que ver con el ‘truco o trato’ actual.

Las raíces de Halloween están vinculadas a una antigua festividad celta llamada Samhain, una palabra del irlandés antiguo que significa “fin del verano”, y que, por tanto, estaba relacionada con la época de cosechas y se consideraba como el Año Nuevo Celta. Según la creencia, el Samhain era una noche de espíritus en la que las leyes del tiempo y el espacio desaparecían de manera temporal, haciéndolo también el mundo de los vivos y el de los muertos y posibilitando que los espíritus de las personas fallecidas se comunicaran con sus seres queridos. En esta época se cree que surgió la tradición de los disfraces y las máscaras, precisamente para ahuyentar a los espíritus malignos.

Estos días todo gira alrededor de las calabazas, hasta el punto de que la gastronomía y la repostería han abierto nuevos horizontes gracias a la fiesta de Halloween. Ya no hay local ni parque temático que se resista a su fiesta con telarañas, esqueletos, velas y hasta ataúdes, ni famoso que no cuelgue en las redes sociales su foto disfrazado. Es la época de estreno de películas del género de terror, miedo, suspense o, directamente ‘gore’ pero con un matiz: la celebración cada día va más enfocada a los niños, hasta el punto de que es raro el colegio que no sucumba a los disfraces y maquillajes.

Puede parecer una banalización de la muerte dada la cercanía a la festividad religiosa de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, pero su origen no va nada desencaminado del cristianismo, aunque no tenga nada que ver con el ‘truco o trato’ actual.

Las raíces de Halloween están vinculadas a una antigua festividad celta llamada Samhain, una palabra del irlandés antiguo que significa “fin del verano”, y que, por tanto, estaba relacionada con la época de cosechas y se consideraba como el Año Nuevo Celta. Según la creencia, el Samhain era una noche de espíritus en la que las leyes del tiempo y el espacio desaparecían de manera temporal, haciéndolo también el mundo de los vivos y el de los muertos y posibilitando que los espíritus de las personas fallecidas se comunicaran con sus seres queridos. En esta época se cree que surgió la tradición de los disfraces y las máscaras, precisamente para ahuyentar a los espíritus malignos.

Cuando tuvo lugar la ocupación romana la festividad también fue asimilada por ellos, que ya celebraban en los últimos días de octubre y primeros de noviembre una festividad conocida como la fiesta de la cosecha en honor a Pomona (diosa de los árboles frutales), por lo que se empezaron a mezclarse ambas tradiciones festivas.

Varios siglos después, la Iglesia católica adaptó esta festividad al cristianismo, y de ahí que el primer día noviembre sea el Día de Todos los Santos. En una época en la que predominaban las festividades paganas, los papas Gregorio III (731-741) y Gregorio IV (827-844) intentaron adaptarla a lo que conocemos como el Día de Todos los Santos, que fue trasladada del 13 de mayo al 1 de noviembre.

En esta época es donde se origina la palabra Halloween, ya que proviene de la frase inglesa antigua, y ya en desuso, ‘All Hallows Eve’, que quiere decir ‘Víspera de Todos los Santos’‘Hallow’ es una forma en inglés antiguo para referirse a los santos, proveniente a su vez del anglosajón “halaga”, ‘halga’que significa ‘santo’‘santificar’ o ‘consagrar’, mientras que ‘even’ o ‘eve’, también en desuso, designa la parte final del día, esto es, la víspera del día siguiente. Además, es el nombre en inglés que reciben las vigilias de las fiestas litúrgicas del cristianismo.

La festividad llegó a América en el siglo XIX. En 1840 se implanta en Estados Unidos y Canadá, donde queda fuertemente arraigada. Los inmigrantes irlandeses transmitieron la tradición durante la gran hambruna irlandesa y fueron ellos quienes difundieron la costumbre de tallar las calabazas huecas con una vela dentro tan características.

Sin embargo, no fue hasta 1921 cuando adquirió la popularidad actual, ya que ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota. A partir de ahí la fama de la original celebración fue aumentando y extendiéndose por el resto de estados norteamericanos hasta que, a finales de los años 70, adquirió presencia internacional tras estrenarse la ahora clásica película de terror ‘Halloween’.

La celebración que conocemos hoy, por tanto, es una mezcla de tradiciones, modas, ganas de diversión y, cómo no, mucho consumismo antes de comenzar el asalto a la Navidad. En la actualidad se celebra por todo lo alto en los países anglosajones como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda, pero también goza de un gran seguimiento en España y en diversos países de Hispanoamérica que, con adaptaciones propias, también han sucumbido a la celebración del miedo rodeados de dulces, calabazas, velas y desfiles de disfraces.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *