Rusia 2018 Jornada del 20 del junio: La jornada del 1 a 0 (resumen y goles)

*** Portugal, Uruguay y España Tres grandes sufren para ganar a los “pequeños” y solo ganan con la mínima diferencia***

Cristiano Ronaldo da la victoria a Portugal e impone un nuevo récord

Cristiano Ronaldo solo necesitó 4 minutos para romper un nuevo récord. Con su gol en la victoria 1-0 de Portugal sobre Marruecos en Rusia 2018 no solo llevó a los lusos a octavos de final, sino que le sirvió para ampliar su larga lista de marcas personales.

Cristiano Ronaldo marcó su gol 85 en 152 partidos con los colores de Portugal y superó al húngaro Fenrec Puskas, con 84 tantos en 85 partidos, como el máximo artillero de las selecciones europeas.

Ahora, el capitán luso va tras la marca del máximo goleador internacional: el iraní Ali Daei, quien dejó un registro de 109 goles en 149 partidos disputados con su selección.

Cristiano Ronaldo es el segundo jugador mayor a 33 años que logra marcar cuatro goles o más en una Copa del Mundo. El primero fue el camerunés Roger Milla, que a los 38 años metió cuatro tantos en cinco partidos del Mundial Italia 90.

Pero Portugal no pasó de ese gol de Cristiano y Marruecos pese a la derrota, no solo dominó el balón sino que protagonizó jugadas de gol que llevaron mucho peligro al arco de Rui Patricio, pero los intentos quedaron en la nada ya sea por rebotes en la defensa o por la intervención del arquero portugués.

Suárez cumple su partido 100 con la selección de Uruguay y lo celebra marcando el único tanto para la victoria

Dos córners le han bastado a Uruguay para esperar rival en octavos. Si ante Egipto fue Giménez el encargado de sumar los tres primeros puntos en el último minuto, esta vez le tocó el turno a Suárez. En su partido cien con La Celeste, Al Owais le regaló su primer gol en el Mundial. Su grotesca salida por los aires permitió al ariete espantar los fantasmas que le perseguían. El 9 del Barça lo celebró con rabia, anunciando un embarazo con el que, ya de paso, condenó a Arabia Saudí con una eliminación que deja a Pizzi, afónico tras ejercer de agente del caos, con pocas opciones de continuidad en el banquillo.

Uruguay tenía la oportunidad de aprovechar la debilidad de su adversario para intentar igualar el goal average con Rusia, a la que se medirá en la última jornada, en la lucha por evitar al líder en el grupo de España. Sin embargo, jamás pareció importarle los números ni las formas. Pensará que para gustar y fidelizar ya estarán otros. Tabárez introdujo dos cambios respecto al estreno. Y aunque Carlos Sánchez y el Cebolla dieron algo más de profundidad, su centro del campo siguió jugando con la misma indolencia. Vecino y Bentancur entraron mucho en juego, pero jamás se hicieron con su parcela y nunca arriesgaron un balón o rompieron una línea.Uruguay se encontró el 1-0 en el primer tiempo y poco más. Arabia, por su parte, mejoró la imagen inaugural. Demostró que su nivel es ascendente. Que su físico está a la altura de los demás. Y que de técnica no va mal. Sin embargo, le falta picardía, tablas y colmillo. Los españoles, Al Dawsari (Villarreal) y Al Muwallad (Levante), no marcan las diferencias. A Al Shehri (Leganés) ni le dejaron intentarlo. (Con información de AS)

España gana sufriendo ante un aguerrido equipo iraní

Con dificultad y un golpe de suerte de Costa, España pasó una dura prueba, porque meterle un gol a Irán tiene algo de proeza. En realidad, fue casi un autogol.

La primera decisión arriesgada del Mundial fue prescindir de Lopetegui. La segunda quizás sea la perilla de Sergio Ramos, que iniciaba el partido junto a la elección valiente de Hierro: colocar a Lucas por Koke, metiendo a Silva de interior. España tenía ante sí un partido filosóficamente puro. Tocar y tocar y volver a tocar. Lucas en la cal e Isco con la mayor iniciativa. Tenía ante si un catenaccio persa tan celosamente ejecutado que parecía que Queiroz se estaba vengando íntimamente de cierto maltrato de sus tiempos en Madrid. El 4-1-4-1 que generosamente reflejaban las previas era un 5-5 o incluso un 6-4. Pasado el primer cuarto de hora, España tenía el 80 % de la pelota y ningún tiro a puerta. Los iraníes además de defender resultaban protestones, pegajosos y tenían mucho cuidado en hacer las faltas antes del borde del área. Así, Silva pudo lanzar una desde lejísimos. España avanzaba por su eje natural, el triángulo Alba, Isco, Iniesta, y se incorporaba felizmente Silva aportando amago de disparo, una refrescante diagonal y una mínima activación del lado derecho que España tiene adormecido.

Las cosas estaban para aplicar la ciencia del tiquitaca más refinada, y por eso Hierro consultaba con Celades, que es el consenso entre las corrientes de la posesión catalana y el mundo madridista y/o federativo. Celades, hombre de consenso del toque, aportaba su conocimiento.

Movilidad, ir y venir, paciencia, mucha paciencia. Como un guiso que exige remojar, macerar, asar, freír, rehogar. Todas las fases del proceso. Se daban todas las condiciones: si hay toque, si hay paciencia, si hay las mil y una combinaciones, si hay apertura del lateral, si hay centrales subiendo, ergo… Pero el «ergo» no se veía; no había consecuencia: el gol no llegaba y ni siquiera había tiros. Faltaba quizás velocidad en la circulación.

Isco tuvo mucho el balón, intentó algún disparo “flojeras”. En el 30 hubo un tuya mía con Iniesta de bastante torería que subió el ánimo, e inmediatamente un remate sin espacio de Silva. Ramos y Piqué estaban pisando área.

España ponía su paciencia e Irán aportaba la suya. A su celo secante y a su indudable autobús, sumaba el recurso a las artes escénicas. Perdían tiempo, le arañaban segundos a cada lance y el portero Beiranvand hacía un teatro grosero ante Diego Costa, que es mal espectador de esas cosas.

España acabó el primer tiempo, no enrabietada, pero sí acuciante. Había tirado una sola vez entre palos y Silva lo volvía a intentar al final con un tiro que desvió un defensa.

Irán se estaba convirtiendo en una auténtica prueba cultural para el juego español, y quizás también en uno de los equipos más antipáticos de los últimos tiempos. A la vez era un ejemplo apasionado de abnegación defensiva.

Había tardado cinco minutos en pasar el campo en algo parecido a una contra y 36 minutos en sacar un córner.

Antes de volver al campo, Ramos y Piqué se trabajaban convenientemente al árbitro uruguayo, por lo que pudiera pasar.

Retomado el juego, Busquets forzó un paradón de Beiranvand. España abría más su juego, pisaba más las bandas pero no podía haber alegría porque inmediatamente respondió Irán con un chut aun más peligroso de Ansarifard.

El partido iba a cambiar. Una combinación de Iniesta con apoyo en Silva llegó a Costa, que al darse la vuelta consiguió medio gol al rebotarle el despeje de Rezaeian. Volvía a ser importante el físico de Costa. Su condición de 9 grande en corto espacio molestó esta vez al rival. Sus movimientos aturullados están siendo lo más productivo de España. En realidad, la “dificultad” de Costa es lo que le acaba dando goles. El hilillo de juego que le queda a Iniesta y el espacio que se está creando el nueve. Su trompicón es lo definitivo. No pega, es un poco disruptivo, pero lo es por fortuna, lo es para bien. España hace un juego de salón de te y Costa es el que rompe todo y conmociona el partido.

En una jugada a balón parado marcó poco después Irán (Ezatolahi) en fuera de juego que tuvo que ver el VAR. Se vio qué tensa espera se produce mientras decide. Los árbitros no saben dónde mirar. La cara de árbitro esperando el VAR es terrible. Esa mezcla de responsabilidad, desconcierto y subordinación. El árbitro ya no se puede poner gallito porque a la jugada siguiente le toca apocarse con el VAR. Esto es otro de los efectos de la tecnología: bajarle los humos gestuales al árbitro.

Tras unos minutos algo agitados en los que Irán quería reaccionar, España recuperó el control. Lo mejor de España sucede cuando Isco e Iniesta enlazan rápido. Ese es el clímax nuestro, lo mejor que tiene España y, en cierto modo, también un chispazo del Mundial. Tiene algo de eslabón generacional cuando enhebran algo juntos. Iniesta regaló su hora magistral y fue sustituido por Koke.

Casi marcó España en otro barullo en el área. Los iraníes se amontonaban sobre el balón.

Hubo unos momentos en los que España no tuvo la pelota, pero tampoco la tuvo Irán. No se sabía muy bien qué ocurría, un iraní hizo una voltereta para no sacar de banda; eran señales de que España debía ir acabando. Irán tenia algo a la vez mágico y siniestro, entre Maguregui y Aladino. Lo sabía Ramos, que echaba el equipo hacia arriba. España volvió a perder ligeramente el tono y el control al irse Iniesta e Irán tuvo alguna llegada peligrosa. Mendi rondó el gol en el segundo palo.

Hierro había quitado a Lucas, sin huella, para meter a Asensio y al final se llegó sin más agobio.

Fue meritorio que España nunca se echara atrás. El juego y el “concepto” importan, pero en Rusia los partido los decide la suerte, un balón parado o el VAR. (Con información de ABC)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *