La Unión Europea

***Los europeos (y en particular los españoles) deberán ver el ejemplo de algunas de las naciones latinoamericanas (con quienes sus países tienen grandes lazos históricos y culturales)***

RICARDO GIL OTAIZA

Nunca alcanzamos a comprender la importancia de las decisiones, hasta que vivimos las consecuencias de nuestros propios actos. En los países latinoamericanos vemos con horror el desprecio de muchos de sus regímenes por los ciudadanos, luego que se vendieran al electorado con cantos de sirena y con promesas falsas. Equivocarnos en el momento de elegir, o no participar por desidia, suelen ser dardos envenenados contra cualquier democracia.

En Venezuela, a finales de los 90, el chavismo logró convencer a las grandes mayorías de que haría profundos cambios para el beneficio social, y que erradicaría lo que desde su visión mesiánica representaba un monstruo de mil cabezas: la corrupción. El fuerte adoctrinamiento, la debilidad del status quo político tradicional, y la demagogia más rapante, permitieron que se entronizara una “casta” política que paulatinamente fue desmontando la institucionalidad, demoliendo a la empresa privada (y con ella a la economía de mercado), y cercenando las libertades individuales.

Veinte años después de este largo proceso de involución, Venezuela se encuentra hundida en una profunda crisis en todos los órdenes. El gobierno, abrazado al pensamiento del más retrógrado de todos los sistemas (marxismo-leninismo-comunismo), se ha encapsulado hasta negar la realidad al extremo de lo inaudito (escasean los alimentos y los medicamentos, no hay libros, los servicios lucen colapsados, hay una alta tasa de emigración e inseguridad, entre muchos otros males), y la población siente que se cierra su destino sin posibilidad alguna de redención.

Si bien la mala experiencia de unos debería ser el alerta para otros, vemos con asombro cómo en disímiles contextos surgen voces mesiánicas similares a las que aquí llevaron al desastre, y la gente se pliega a ellas sin criterio de racionalidad. En España, por ejemplo, hay partidos que no han tenido escrúpulos para adosarse al chavismo, y en una suerte de calco ofrecen falacias que creen a pie juntillas los jóvenes (quienes suelen tener una visión romántica en torno de la política). Muchos de ellos piensan que en su país las cosas no funcionan, sin molestarse en indagar en otras realidades, en las que las mismas ideas se tradujeron en ruina y caos.

El 26 de mayo los españoles tendrán la gran oportunidad de votar en las Elecciones para el Parlamento Europeo y así elegir a 59 eurodiputados. Digo que tendrán la oportunidad, porque esta elección es eso: dirimir desde la conciencia y desde la realidad de su nación, el destino de una unión que le ha traído a todos sus miembros grandes beneficios, y un bienestar jamás asentado en la historia de esos pueblos. Los jóvenes europeos hoy deberán despertar ante la complejidad global, que busca de manera no tan subrepticia debilitar una fortaleza que sin duda alguna no es inexpugnable.

Los europeos (y en particular los españoles) deberán ver el ejemplo de algunas de las naciones latinoamericanas (con quienes sus países tienen grandes lazos históricos y culturales), y desde esa óptica sopesar en su magnitud la tragedia que se vive en ellas. Fortalecer con su participación al Parlamento Europeo, les asegura el imperio de la ley y de la razón. La unión europea se consolida en la medida en que los ciudadanos asumen con responsabilidad los retos que tienen por delante, sin caer en las trampas ni en los espejismos de quienes ofrecen villas y castillas, pero terminan esparciendo miseria por doquier.

@GilOtaiza
rigilo99@hotmail.com

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