Cerca de 300 muertos y 500 heridos por atentados simultáneos en Sri Lanka

***El ministro de Salud, Rajtha Senraratne dijo que los ataques habían sido perpetrados por suicidas***

AFP/EFE

El domingo por la mañana se registraron seis explosiones en un corto lapso y por la tarde dos más en Sri Lanka, destino turístico muy apreciado por sus playas idílicas y su naturaleza salvaje.

En la capital, tres hoteles de lujo ubicados en la costa -el Cinnamon Grand Hotel, el Shangri La y el Kingsbury- y la iglesia de San Antonio fueron atacados el domingo casi simultáneamente a partir de las 08:30-09:00 am locales.

También estallaron bombas en la iglesia San Sebastián de Negombo y en otra de la ciudad de Batticaloa, situada en la costa oriental de la isla.

Unas horas después se produjeron dos nuevas explosiones, la primera en el hotel Dehiwala, en un suburbio de Colombo, y la segunda en Orugodawatta, en el norte de la capital, donde un kamikaze se hizo estallar durante una operación policial.

El domingo por la noche, una bomba de fabricación casera fue descubierta y desactivada en la carretera que lleva al aeropuerto de Colombo, fuertemente custodiado.

El lunes, la policía de Sri Lanka indicó que había hallado 87 detonadores en una estación de autobuses en Bastian Mawatha de Pettah, un barrio de la capital situado a medio camino de los hoteles e iglesias donde ocurrieron las explosiones.

Poco después, se produjo una explosión en la capital durante una operación de desactivación de una bomba en una camioneta aparcada cerca de una de las iglesias atacadas la víspera, según la policía.

Ataques Suicidas

«Casi todos fueron ataques suicidas. Con base en eso estamos realizando arrestos y redadas en sus lugares de entrenamiento», dijo en una rueda de prensa en Colombo el ministro de Salud, Rajtha Senraratne.

El gobierno de Sri Lanka atribuyó a un movimiento islamista local, el National Thowheet Jama’ath (NTJ), la autoría de la ola de atentados suicidas, cuyo balance se eleva a 290 muertos.

La serie de ataques comenzó este domingo de manera simultánea alrededor de las 8:45 am, con potentes explosiones en tres hoteles de lujo en Colombo y también en una iglesia de la capital; otra en Katana, en el oeste del país, y una tercera en la oriental ciudad de Batticaloa.

«No creemos que una organización pequeña de este país pueda hacer todo esto. Estamos investigando el apoyo internacional y otros vínculos», dijo el ministro, al tiempo que se preguntó: «¿Cómo se formaron los atacantes suicidas? ¿Cómo se produjeron bombas como esas?».

Las explosiones continuaron horas después con una séptima detonación en un pequeño hotel situado a una decena de kilómetros al sur de la capital y la última en un complejo residencial en Dematagoda, también en Colombo.

Unos 20 sospechosos han sido detenidos por estos ataques, que aún no han sido reivindicados.

Desolación por doquier

El balance oficial de la tragedia se elevó el lunes por la mañana a 290 muertos y 500 heridos. La cantidad exacta de extranjeros muertos «es difícil de determinar.

Unos 37 murieron, de los cuales 11 ya fueron identificados», indicaron las autoridades. Indios, portugueses, turcos, británicos y estadounidenses figuran entre las nacionalidades de las víctimas.

El lunes por la mañana, en la morgue de Colombo se vivieron escenas de desolación.  «La situación no tiene precedentes», apuntaba un responsable que guardó el anonimato.

«Pedimos a los familiares proporcionar el ADN para ayudar a identificar algunos cuerpos» demasiado mutilados. Una mujer cuyo hermano mayor murió con sus tres hijos, rompió a llorar al identificarlos uno a uno en una pantalla.

El más joven de sus sobrinos era «un bebé tan bello, solo tenía ocho meses ¿Qué ha hecho para merecer esto?». Dilip Fernando, un católico de Negombo, ciudad situada a unos 30 km al norte de Colombo, estaba delante de la iglesia San Sebastián, a la cual el domingo no entró porque estaba repleta, salvándose por poco de la matanza provocada por un atentado suicida.

«Si esta mañana la iglesia estuviera abierta habría entrado. No tenemos miedo. No dejaremos ganar a los terroristas. ¡Nunca! Seguiré yendo a la iglesia», declaró.

Decenas de pares de zapatos pertenecientes a las víctimas se encontraban en el suelo delante del edificio. En el interior, las tejas caídas del tejado se mezclaban con los escombros.

Las paredes y las estatuas religiosas estaban llenas de esquirlas. En las calles del país, la vida volvió a su curso.

La gente comenzó a salir de sus hogares para ir al trabajo y las calles se llenaron de automóviles, motos o tuk-tuk, los típicos triciclos motorizados del sudeste asiático.

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